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Seis de cada diez cultivos de Puebla dependen del trabajo de un polinizador

Desde muy temprano en el colegio se nos enseña el ciclo de reproducción de las plantas. Los estambres de la flor masculina producen

polen, el cual viaja hasta los estigmas de la planta receptora para consumar el proceso reproductivo y generar nuevas semillas. Para que esto

ocurra debe existir un intermediario que traslade este polvo de una flor a otra: el viento o un animal polinizador.

Como se abordó en un foro llevado a cabo por la IBERO Puebla, los polinizadores intervienen en la reproducción del 75% de los

cultivos de frutas y semillas. Además, ayudan a aumentar la biodiversidad y la producción de alimentos, así como a mantener el

equilibrio en los ecosistemas. Para nuestro país, la polinización representa una ganancia económica de entre 100 y 250 dólares por

hectárea.

Es por ello que su conservación ha escalado a instancias legislativas: en marzo de este año se puso en marcha la Estrategia Nacional para

la Conservación y Uso Sustentable de los Polinizadores. Además, fue expedida la Ley Federal Apícola para regular los procesos de

generación de miel.

Como expuso el Dr. Romeo Saldaña Vázquez, académico de la Universidad Jesuita, el cuidado de los polinizadores concierne

directamente a Puebla, uno los diez estados con mayor producción agropecuaria en México. El 63% de los cultivos de la entidad

dependen de estos animales, los cuales forman parte de la canasta básica: manzana, durazno y el café son los más emblemáticos.

El otro polinizador

Entre polinizadores también hay rangos de popularidad. Los murciélagos son animales marginados en el discurso de la polinización, pese a

que existen cerca de 1,400 especies en todo el mundo, de las cuales 140 pueden encontrarse en México. Su diversidad de

características corresponde a las diferentes funciones ecosistémicas que desempeñan, principalmente el control de plagas.

Algunas plantas presentan quiropterofilia: una condición que produce cantidades de néctar suficientes para atraer murciélagos, los

cuales polinizan alrededor de 528 especies vegetales. Profundizó la Dra. Verónica Zamora Gutiérrez: “A diferencia de las aves o las

abejas, los murciélagos, en una sola noche, pueden moverse más de 100 kilómetros”. Esto los convierte en actores clave de la

polinización.

Plantas como la pitaya dependen mayoritariamente de estos mamíferos. De acuerdo con un estudio coordinado por la investigadora del IPN

Durango, los murciélagos producen frutas más grandes y dulces que otros polinizadores. Esto se debe a que el pelo permite

guardar más polen, además de que el proceso de alimentación es rápido y profundo.

El servicio ecosistémico de los murciélagos representa ganancias de alrededor de 2,500 dólares por hectárea, el 40% de los ingresos de

las comunidades cultivadoras de pitayas de Jalisco. “Tenemos evidencias contundentes para incluir a los murciélagos en estos

proyectos de conservación”. Y bromeó: “Los murciélagos también generan dinero”.

Plantas endémicas

Los agaves son un grupo de plantas endémicas de México. Su uso es indispensable para la generación de productos que van desde

materias primas hasta bebidas como el mezcal y el tequila. En el caso del agave cupreata, originario de la cuenca de las Balsas en

Michoacán y Guerrero, las especies de aves y mamíferos tienden a inclinarse más por los cultivados que por los silvestres.

El Dr. Eduardo Mendoza Ramírez, académico de la UMSNH de Michoacán, explicó que conocer el comportamiento de los polinizadores

en diferentes condiciones contribuye a comprender el fenómeno y a generar políticas públicas en favor de la biodiversidad. “Se debe

establecer un balance adecuado entre la modificación futura del paisaje para incrementar el área de cultivo”, apuntó.

Por su parte, la flor de vainilla es clave en el paisaje biocultural. Se trata de una planta presente en diversos textos de medicina

antigua de las comunidades originarias. Desde la exportación de vainilla a Madagascar en 1841, comenzó el proceso de polinización manual,

lo que devino en el inicio de la decadencia de su producción en nuestro país por las constantes amenazas a sus principales obreras.

México alberga el 10% de la diversidad de abejas del mundo, las cuales se encuentran considerablemente en los vainillales. El uso

combinado de agroquímicos y la falta de políticas públicas basadas en estudios ecológicos ha puesto en riesgo a las polinizadoras por

excelencia. Por ello, el Dr. Guillermo Vázquez Domínguez de la Universidad Veracruzana llamó a reivindicar la interacción entre el

hombre y la abeja en favor de la preservación de los ecosistemas.